miércoles, 23 de septiembre de 2009

Certamen Nacional CONICET 2009

CIEN RESPUESTAS PARA EL BICENTENARIO
El CONICET y Kidsnews -periódico de distribución gratuita en las escuelas-han puesto en marcha el Certamen Nacional CONICET 2009 de ciencias, para niños y jóvenes "CIEN RESPUESTAS PARA EL BICENTENARIO".
El Certamen se realiza durante los meses de septiembre y octubre de 2009 con cierre previsto para el 9 de noviembre. Pueden participar niños y jóvenes de instituciones educativas públicas y privadas de todo el país, argentinos y extranjeros (con más de dos años de residencia), cuya edad esté comprendida entre los 9 y los 15 años, cumplidos al 31 de diciembre de 2009.
Los participantes deben responder cien preguntas sobre ciencias -elaboradas por los jurados científicos del CONICET, con la modalidad de respuestas múltiples que serán planteadas en las ediciones de Kidsnews en los meses de septiembre y octubre de 2009 y, en la página de internet www.kidsnews.com.ar/concurso/donde se encuentra toda la información correspondiente.
Las respuestas correctas deben ser elegidas entre las tres opciones que se presentan en cada pregunta e ingresarlas directamente a travées de la página web mencionada en el párrafo anterior, o enviarlas por correo a la calle Aráoz 1120, C1414DPX), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, antes del 9 de noviembre de 2009.
Las preguntas planteadas corresponden a las grandes áreas de investigación del CONICET: Ciencias Agraria, Ingeniería y de Materiales, Ciencias Biológicas y de la Salud; Ciencias Exactas y Naturales; Ciencias Sociales y Humanidades, además de Tecnología y Nanotecnología.
Todos los participantes que contesten el 80 por ciento de las preguntas en forma correcta, podrán participar de un sorteo con entrega de premios que se realizará el 16 de noviembre de 2009, a las 10,30 en el Museo Nacional de Ciencias Bernardino Rivadavia, sito en Av. Angel Gallardo 470 (1405DJR), Ciudad autónoma de Buenos Aires.
El principal objetivo de este Certamen es estimular el interés por las ciencias en la población estudiantil de manera tal, que se asimilen e internalicen nuevos conocimientos sobre las materias que son tema de investigación constante entre los científicos del CONICET, desde hace más de 50 años. Así también, pretende promover una mejor comprensiónn sobre la importancia que tiene la investigación científica en el progreso y crecimiento del país y, los beneficios que significa para la sociedad.Por cualquier consulta Cristina Rodríguez Jurado: 15-4422-398

miércoles, 16 de septiembre de 2009

21 de Setiembre "Día del Estudiante"


¡Felíz día para los estudiantes!
¡Felíz primavera para todos!
En Argentina, el día del estudiante se festeja el 21 de septiembre, coincidiendo con el Día de la primavera y el día de repatriación de los restos del educador Domingo F. Sarmiento. De esta manera, se produce una justificada unificación de tres fechas con un mismo marco: la celebración por la renovación y la creatividad, de la naturaleza y del espíritu humano.
Su origen se debe a la propuesta del por entonces estudiante y luego destacado
arqueólogo Salvador Debenedetti en 1902, cuando era presidente del centro de estudiantes de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Su propuesta fue aceptada para la facultad, y luego extendida a todo el país.[1]
Los festejos del día del estudiante son prácticamente los mismos que los de la celebración del
Día de la primavera. La juventud es protagonista. Y ya es tradición el festejo con espectáculos en vivo de todo tipo y al aire libre. La consigna es reunirse con amigos, pasar un día de picnic y aprovechar los espacios abiertos.
En la República Argentina se festeja un 21 de septiembre porque fue el día en que repatriaron los restos de Sarmiento.
En
San Miguel de Tucumán, los colegios festejan esta fecha organizando su Semana del estudiante, que fue originalmente creada en 1957 por los alumnos del Gymnasium de la UNT como la "Semana Anivresario del Colegio", en donde realizan actividades deportivas, recreativas y culturales. Ésta se realiza entre los meses de agosto y octubre, a excepciíon del Gymnasium UNT, que la realiza en mayo respetando el fin con la que fue creada.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Novedades bibliográficas recibidas

El Ministerio de Educación de la Nación dóno 16 libros sobre Educación y Derecho.
A partir de la semana que viene los docentes y alumnos interesados pueden pasar por Biblioteca a verlos. Ya que en este momento los libros están en Proceso técnico.



Derecho






Educación







miércoles, 9 de septiembre de 2009

13 de Setiembre "DIA DEL BIBLIOTECARIO"


El 13 de septiembre se ha constituido como el Día del Bibliotecario, en honor al nacimiento de Mariano Moreno, quien fuera el creador de la primera Biblioteca Pública, actualmente la Biblioteca Nacional.




Les deseamos un feliz día a los bibliotecarios y bibliotecarias.
"Una madre que quería que su hijo fuese un gran científico le preguntó a Albert Einstein que clase de libros debía leer a su hijo. Einstein le contestó "léale usted cuentos de hadas".
La señora creyó que no había comprendido la pregunta y le dijo "quizás usted no me entendió, Dr. Einstein. Quiero que mi hijo sea un científico."
El gran científico le volvió a contestar... "léale usted cuentos de hadas."
Albert Einstein, Premio Nobel de Física 1921

11 de Setiembre " DIA DEL MAESTRO"







“Un profesor trabaja para la eternidad:
nadie puede predecir dónde acabará
su influencia”
(H.B. Adams)




¡ Felíz día para todos los docentes !

viernes, 28 de agosto de 2009

Blogonovela

Más respeto, que soy tu madre
El blog, escrito por Hernán Casciari e ilustrado por Bernardo Erlich, ... la blogonovela, que fusiona la literatura con las nuevas tecnologías.

miércoles, 26 de agosto de 2009

El celular de Hansel y Gretel

por Hernán Casciari

Anoche le contaba a Nina un cuento infantil muy famoso, el Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: “No importa. Que lo llamen al papá por el móvil”.
Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura —toda ella, en general— si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años. Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.
¿Ya está?
Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.
¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?
Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las nuevas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.
Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.
Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.
Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.
Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.
Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.
Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.
Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.
Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler.)
Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:
M HGO LA MUERTA, PERO NO STOY MUERTA. NO T PRCUPES NI HGAS IDIOTCES. BSO.
Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción “Banda ancha móvil” de Movistar.
Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados. La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría ’Cien años sin conexión’: narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el messenger.
La famosa novela de James M. Cain —’El cartero llama dos veces’— escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría ’El gmail me duplica los correos entrantes’ y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.
Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, ’Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura’, la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.
En la obra ’El jotapegé de Dorian Grey’, Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.
La bruja del clásico ’Blancanieves’ no consultaría todas las noches al espejo sobre “quién es la mujer más bella del mundo”, porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90€ la conexión y 0,60€ el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.
También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.
Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.
Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.
La telefonía inalámbrica —vino a decirme anoche la Nina, sin querer— nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.
Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?
No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador. ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.
Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.
Nuestras tramas están perdiendo el brillo —las escritas, las vividas, incluso las imaginadas— porque nos hemos convertido en héroes perezosos...