MIMOSO
Desde hacía cinco días Mimoso agonizaba. Mercedes con una cucharita le daba leche, jugo de frutas y té. Mercedes llamó por teléfono al embalsamador, dio la altura y el largo del perro y pidió los precios. Embalsamarlo iba a costar casi un mes de sueldo. Cortó la comunicación y pensó llevarlo inmediatamente para que no se estropeara demasiado. Al mirarse en el espejo vio que sus ojos estaban muy hinchados por el llanto y decidió esperar la muerte de Mimoso. Junta a la estufa de kerosene, colocó el platito y volvió a darle leche al perro, con la cucharita. Ya no abría la boca y la leche se derramó por el suelo. A las ocho llegó el marido, lloraron juntos y se consolaron pensando en el embalsamamiento. Imaginaron al perro a la entrada de la habitación, con sus ojos de vidrio, cuidando simbólicamente la casa. A la mañana siguiente Mercedes metió al perro adentro de una bolsa. No estaba muerto, tal vez. Hizo un paquete con arpillera y papel de diario para no llamar la atención en el colectivo y lo llevó a la tienda del embalsamador. En el escaparate de la casa vio mucho pájaros, monos embalsamados y víboras. La hicieron esperar. El hombre apareció en mangas de camisa, fumando un cigarro toscano. Tomó el paquete, diciendo: - Me trajo el perro. ¿Cómo lo quiere?- Mercedes parecía no comprender. El hombre trajo un álbum lleno de dibujos. -¿Lo quiere sentado, acostado o parado?¿Sobre un soporte de madera negra o pintadito de blanco?¿Cómo lo quiere? Mercedes miró sin ver nada: -Sentadito, con las patitas cruzadas. -¿Con las patitas cruzadas?-repitió el hombre, como si no le gustara. -Como usted quiera-dijo Mercedes, ruborizándose. Hacía calor, un calor sofocante. Mercedes se quitó el abrigo. -Vamos a ver al animal- dijo el hombre, abriendo el paquete. Tomó a Mimoso por las patas traseras, y continuó:- No está tan gordito como su dueña- Y lanzó una carcajada. La miró de arriba abajo y ella bajó los ojos y vio sus pechos bajo el sweater demasiado ajustado. –Cuando lo vea listo le va a dar ganas de comerlo. Bruscamente, Mercedes se cubrió con el abrigo. Retorció entre sus manos sus guantes de cabritilla y dijo, tratando de contener sus deseos de abofetear o de quitar el perro al hombre: -Quiero que tenga un soporte de madera como aquél- le enseñó el que sostenía una paloma mensajera. -Veo que la señora tiene buen gusto- musitó el hombre-.¿Y los ojos de qué los quiere? De vidrio resultará un poco más caro. -Los quiero de vidrio-respondió Mercedes, mordiendo los guantes. -¿Verdes, azules o amarillos? -Amarillos- dijo Mercedes, impetuosamente-. Tenía los ojos amarillos como las mariposas. -¿Y usted les vio los ojos a las mariposas? -Como las alas-protestó Mercedes-, como las alas de las mariposas. -¡Ya me parecía! Tiene que pagar por adelantado-dijo el hombre. -Ya lo sé- respondió Mercedes-, me lo dijo por teléfono- abrió su cartera y sacó los billetes; los contó y los dejó sobre la mesa. El hombre le dio el recibo.- ¿Cúando estará listo para venir a buscarlo?- preguntó, guardando el recibo en su cartera. -No hace falta. Se lo llevaré yo el veinte del mes que viene. -Vendré a buscarlo con mi marido-respondió Mercedes y salió precipitadamente de la casa. Las amigas de Mercedes supieron que el perro había muerto y quisieron saber qué habían hecho con el cadáver. Mercedes dijo que lo habían hecho embalsama y nadie le creyó. Muchas personas rieron. Ella resolvió que era mejor decir que lo había tirado por ahí. Con su tejido en la mano esperaba como Penélope, tejiendo, la llegada del perro embalsamado. Pero el perro no llegaba. Mercedes todavía lloraba y se secaba las lágrimas con pañuelo floreado. El día convenido Mercedes recibió un llamado telefónico: el perro ya estaba embalsamado, sólo faltaba ir a buscarlo. El hombre no podía ir tan lejos. Mercedes y su marido fueron a buscar al perro en un taxímetro. - Lo que nos ha hecho gastar este perro- dijo el marido de Mercedes, en el taxímetro, mirando los números que subían. -Un hijo no hubiera costado más- dijo Mercedes, sacando su pañuelo del bolsillo y enjugándose las lágrimas. -Bueno, basta; ya lloraste bastante. En la casa del embalsamador tuvieron que esperar. Mercedes no hablaba, pero su marido la miraba atentamente. -¿La gente no dirá que estás loca?- inquirió su marido con una sonrisa. -Peor para ellos- respondió Mercedes apasionadamente-. No tiene corazón, y la vida es muy triste para los que no tienen corazón. Nadie los quiere. -Mujer, tienes razón. El embalsamador trajo casi demasiado pronto al perro. Sobre un pie de madera barnizada de oscuro, semisentado, con los ojos de vidrio y el hocico barnizado estaba Mimoso. Nunca había parecido de mejor salud; estaba gordo, bien peinado y lustroso, lo único que le faltaba era hablar. Mercedes lo acarició con sus manos trémulas; lágrimas saltaron de sus ojos y cayeron sobre la cabeza del perro. -No me lo moje- dijo el embalsamador-. Y lávese la mano. -Sólo le falta hablar- dijo el marido de Mercedes-. ¿Cómo hace estas maravillas? -Con venenos, señor. Todo el trabajo lo hago con venenos, con guantes y anteojos, de otro modo, me intoxicaría. Es un sistema personal. ¿No hay niños en su casa? -No. -¿Será peligroso para nosotros?-preguntó Mercedes. -Unicamente si lo comen- respondió el hombre. -Tenemos que envolverlo-dijo Mercedes, después de secar sus lágrimas. El embalsamador envolvió el animal embalsamado en papeles de diario y entregó el paquete al marido de Mercedes. Salieron con alegría. En el camino hablaron del lugar donde colocarían a Mimoso. Eligieron el vestíbulo de la casa, junto a la mesita del teléfono en donde Mimoso los esperaba cuando ellos salían. Después de examinar el trabajo del embalsamador, una vez en la casa, colocaron al perro en el lugar elegido. Mercedes se sentó frente a él para mirarlo: ese perro muerto la acompañaría como la había acompañado el mismo perro vivo, la defendería de los ladrones y de la soledad. Le acarició la cabeza con la punta de los dedos y cuando creyó que el marido no la miraba, le dio un beso furtivo. -¿Qué dirán sus amigas, cuando vean esto?-inquirió el marido-.Qué dirá el tenedor de libros de la Casa Merluchi. -Cuando vengan a cenar lo guardaré en el armario o diré que fue un regalo de la señora del segundo piso. -Tendrás que decírselo a la señora. -Se lo diré- dijo Mercedes. Aquella noche bebieron un vino especial y se acostaron más tarde de que costumbre. La señora del segundo piso sonrió ante el pedido de Mercedes. Comprendió la perversidad del mundo ante el cual una mujer no puede mandar embalsamar a su perro sin que la crean loca. Mercedes era más feliz con el perro embalsamado que con el perro vivo; no le daba de comer, no tenía que sacarlo para que orinara, ni tenía que bañarlo, no le ensuciaba la casa ni le mordía el felpudo. Pero la felicidad no es duradera. Bajo la forma de un anónimo llegó la maledicencia a esa casa. Un dibujo obsceno ilustraba las palabras. El marido de Mercedes tembló de indignación: el fuego ardía en la cocina menos que en su corazón. Tomó al perro sobre sus rodillas, lo quebró en varias partes como si fuese una rama seca y lo arrojó al horno que estaba abierto. -Que se o que no sea verdad no importa, lo que importa es que lo digan. -No me impedirás que sueñe con él-gritó Mercedes y se acostó en la cama vestida-. Sé quién es el hombre perverso que hace anónimos. Es ese tenedor de porquería. No volverá a entrar en esta casa. -Tendrás que recibirlo. Esta noche viene a cenar. -¿Esta noche?- dijo Mercedes. Saltó de la cama y corrió a la cocina a preparar la cena, con una sonrisa en los labios. Puso junto al perro el asado de tira, en el horno. Preparó la comida más temprano que de costumbre. -Hay asado con cuero- anunció Mercedes. Antes de saludar, junto a la puerta, el invitado se restregó las manos, al tomar el olor que venía del horno. Después, mientras se servía, dijo: -Estos animales parecen embalsamados-miró con admiración los ojos del perro. -En China- dijo Mercedes-, me han dicho que la gente come perros, ¿será cierto o será un cuento chino? -Yo no sé. Pero en toda caso, yo por nada del mundo los comería. -No hay que decir “de este perro no comeré”-respondió Mercedes, con una sonrisa encantadora. -De esta agua no beberé- corrigió en marido. El invitado se asombró de que Mercedes hablara con tanto desparpajo de los perros. -Tendremos que llamar al peluquero- dijo el invitado, viendo la carne con cuero donde asomaban algunos pelos y, riendo a carcajadas, con una risa contagiosa, preguntó-: ¿La carne con cuero se come con salsa? -Es una novedad-contestó Mercedes. El invitado se sirvió de la fuente, chupó un pedazo de cuero untado con salsa, lo mascó y cayó muerto. -Mimoso todavía me defiende- dijo Mercedes, recogiendo los platos y secando su lágrimas, pues lloraba cuando reía.
Silvina Ocampo " Cuentos completos"
Blog creado, diseñado y actualizado por las Bibliotecarias María Luisa Ricci, María Paula Médico y Liliana Andrea Caligiuri en mayo del año 2009 para mayor difusión de la información.
jueves, 15 de agosto de 2013
miércoles, 14 de agosto de 2013
Novedades bibliográficas recibidas
Recibimos libros de Literatura Infantil destinados especialmente para los alumnos que estan cursando el Profesorado de Nivel Inicial. Los esperamos!
TITULOS:
Animalario universal del profesor Revillod
Asquerosología
Caperucita Arroja
Cayó la noche
Chigüiro encuentra ayuda
Chumba la cachumba
Constantino hace llover
Cuando Ana tiene miedo
¿Cuándo viene papá?
Dame un beso
¿De quién es la sombra?
Detrás de él estaba su nariz
El apestoso hombre queso y otros cuentos
El flautista de Hamelín
El pollito de la avellaneda
El romance de la duerme siempre
El soldadito de plomo
El zoo de Joaquín
Emily en el país de la mufa
Emociones de una línea
En casa
En el bosque
En el campo me crié
En el cielo las estrellas
Equis y Zeta
Escondidos!
Estaba la paloma blanca
Ferdinando
Fiesta de disfraces
Finn Herman
Fuera de aquí horrible monstruo verde!
Girasol al sol
Había una vez una llave
¿Has visto?
Historia del dragón y la princesa
Historia para leer despues de jugar todo el dia
Historias de hormiguero
La bruja rechinadientes
La caja de las coplas
La chuña y el zorro y otros cuentos
La dura vida en el charco
La familia de la soga
La gata y la luna
La historia del pequeño Babachi
La isla del pequeño monstruo negro-negro
La ola
Libro con sombras que asustan
Lo que hay antes que haya algo : uno de terror
Lobos
Los de arriba y los de abajo
Los pájaros de Joaquín
Mateo y su gato rojo
Mi cuerpo y yo
Mi dragona y yo
Milo el gato malo
Monstruo triste, monstruo felíz
Patagonia : tiempo de leyenda
Pinzón en la tormenta
Plutarco
Poemas con sol y son
¿Qué crees tú que puedes hacer en mi circo?
¿Qué es el tiempo?
¡Quiero que me asusten! Y otros cuentos de…
Ramona la mona
Rapatonpocipitopo
Ripios y adivinanzas del mar R
Romeo nunca está contento
Señoras y señores
Trabalengüero
Trucas
Tufotosaka
¿Un hermanito?
Un lobo así de grande
Un lunes por la mañana
Una gata ética
Una mascota para mi tía Roberta
Una trenza tan larga
Voces de infancia : poesía argentina para los…
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Novedades bibliográficas recibidas
miércoles, 3 de abril de 2013
jueves, 27 de septiembre de 2012
Un momento para disfrutar...
Platón, en el Fedro, aseguró que los libros no podían reemplazar a los maestros porque no respondían preguntas. Protestó también que el libro no podía elegir a sus lectores, señalando el riesgo de que estos resultaran estúpidos o malvados. Clemente de Alejandría tenía la misma prevención y garantizaba que escribir un libro era dejar una espada en manos de un niño.
Muchos lingüistas modernos han prometido la incompetencia de cualquier texto para comunicar ideas y se han esforzado en perfeccionar un estilo que no los desmintiera.
Pero señalar la insuficiencia de un género, desde el ejercicio de ese mismo género, es una conducta que merece nuestra perplejidad cuando no nuestra desconfianza.
Digamos -eso sí- que en la Antigüedad clásica, un libro era la abolición parcial de una ausencia o una precaución contra el olvido. El maestro dejaba un texto que, en cierto modo, lo sustituía. Lo mismo ocurría con los poetas y cantores. Refuerza esta idea el carácter oral de las literaturas primitivas. Hasta bien entrada la edad cristiana, se leía en voz alta. Los príncipes se encerraban para leer sus cartas, no solo para que no los vieran, sino también para no los oyeran. San Agustín en sus Confesiones, relata su asombro al encontrar a San Ambrosio leyendo en silencio.
Recién en la Edad Media, el libro se convierte en un objeto venerado, no solo por ser vehículo del saber, sino además por su altísimo costo. Copiar una Biblia llevaba años de trabajo. El pergamino exigía la piel de un cordero por cada cuatro folios. Una epopeya más o menos extensa podía acabar con los rebaños de toda una región.
La imprenta y la difusión de la lectura ilusionaron a los pensadores progresistas que llegaron a creer que cuando todos supieran leer, terminarían las guerras. Esta confianza está bien lejos de las dudas platónicas.
Quien esto escribe simpatiza con los libros en general, aunque decree de este en particular. Corregir un texto, hacerle unas añadiduras y darle otro formato es una tarea más cercana al engaño que a la creación.
Por cierto, he tratado de encontrar nuevos datos sobre el destino de los Hombres Sensibles de Flores, con el melancólico resultado de que todo el mundo me recomendara la lectura de este libro.
Mi encuentro con Tamas Dorkas, el caminante, me hizo abrigar la esperanza de una reaparición de Manuel Mandeb en las calles de Flores. Pero el polígrafo no compareció. De cualquier modo creo que no hice mal en agregar esta historia a las ya existentes.
Me propuse asimismo remodelar algunos párrafos que me aparecían algo toscos. Pero mi agudeza para advertir errores es mucho mayor que mi habilidad para remendarlos. Soy, indudablemente, mejor lector que escritor.
Con cierta vanidad, puedo anunciar, sin embargo, que la expulsión de ciertos capítulos resultó perfecta.
Las consideraciones anteriores desembocan redondamente en una nueva disculpa destinada ahora a quienes ya conocen estas crónicas: los trabajos realizados sobre ellas no han sido de mucha utilidad. Se encuentran ustedes ante el mismo libro que ya han soportado una vez. Un libro torpe, construido sin embargo con las ideas nobles que tuvieron su cuna en otras mentes. Como quien dice un chalecito edificado con ladrillos del palacio de Nabucodonosor.
"Crónicas del Angel Gris" Alejandro Dolina
Muchos lingüistas modernos han prometido la incompetencia de cualquier texto para comunicar ideas y se han esforzado en perfeccionar un estilo que no los desmintiera.
Pero señalar la insuficiencia de un género, desde el ejercicio de ese mismo género, es una conducta que merece nuestra perplejidad cuando no nuestra desconfianza.
Digamos -eso sí- que en la Antigüedad clásica, un libro era la abolición parcial de una ausencia o una precaución contra el olvido. El maestro dejaba un texto que, en cierto modo, lo sustituía. Lo mismo ocurría con los poetas y cantores. Refuerza esta idea el carácter oral de las literaturas primitivas. Hasta bien entrada la edad cristiana, se leía en voz alta. Los príncipes se encerraban para leer sus cartas, no solo para que no los vieran, sino también para no los oyeran. San Agustín en sus Confesiones, relata su asombro al encontrar a San Ambrosio leyendo en silencio.
Recién en la Edad Media, el libro se convierte en un objeto venerado, no solo por ser vehículo del saber, sino además por su altísimo costo. Copiar una Biblia llevaba años de trabajo. El pergamino exigía la piel de un cordero por cada cuatro folios. Una epopeya más o menos extensa podía acabar con los rebaños de toda una región.
La imprenta y la difusión de la lectura ilusionaron a los pensadores progresistas que llegaron a creer que cuando todos supieran leer, terminarían las guerras. Esta confianza está bien lejos de las dudas platónicas.
Quien esto escribe simpatiza con los libros en general, aunque decree de este en particular. Corregir un texto, hacerle unas añadiduras y darle otro formato es una tarea más cercana al engaño que a la creación.
Por cierto, he tratado de encontrar nuevos datos sobre el destino de los Hombres Sensibles de Flores, con el melancólico resultado de que todo el mundo me recomendara la lectura de este libro.
Mi encuentro con Tamas Dorkas, el caminante, me hizo abrigar la esperanza de una reaparición de Manuel Mandeb en las calles de Flores. Pero el polígrafo no compareció. De cualquier modo creo que no hice mal en agregar esta historia a las ya existentes.
Me propuse asimismo remodelar algunos párrafos que me aparecían algo toscos. Pero mi agudeza para advertir errores es mucho mayor que mi habilidad para remendarlos. Soy, indudablemente, mejor lector que escritor.
Con cierta vanidad, puedo anunciar, sin embargo, que la expulsión de ciertos capítulos resultó perfecta.
Las consideraciones anteriores desembocan redondamente en una nueva disculpa destinada ahora a quienes ya conocen estas crónicas: los trabajos realizados sobre ellas no han sido de mucha utilidad. Se encuentran ustedes ante el mismo libro que ya han soportado una vez. Un libro torpe, construido sin embargo con las ideas nobles que tuvieron su cuna en otras mentes. Como quien dice un chalecito edificado con ladrillos del palacio de Nabucodonosor.
"Crónicas del Angel Gris" Alejandro Dolina
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Un momento para disfrutar
jueves, 13 de septiembre de 2012
13 de Setiembre "Día del Bibliotecario"
Los filósofos van y vienen: los bibliotecarios quedan"
ENTREVISTA A ELIADES ACOSTA MATOS
Por Rosa C. Báez
Nos complace mucho oírle decir, en diferentes foros, eventos o enconversaciones diarias la frase "nosotros los bibliotecarios", quesabemos sincera: ¿Cómo ha llegado a arraigarse esta certidumbre, estesentimiento en Usted? ¿Por qué ha asumido ese sentido de pertenencia anuestro gremio?
Por respeto. Yo creo que yo tenía una visión muy pobre de los bibliotecarios… Yo soy filósofo de profesión: es decir,- uno trabaja con abstracciones, con ideas elevadas, categorías complicadas, etc., y un gremio como el bibliotecario, que se encarga aparentemente, visto desde lejos, sólo de conservar libros, organizarlos, sacudirlos y prestarlos, para mi era, nada, como una clase subalterna dentro de la jerarquía elitista que me había construido y en la cual los filósofos estarían, de alguna manera, en la cúspide… ¡¡Error!! Todo eso se ha venido abajo: no hay cúspide, no hay filósofos… los filósofos van y vienen, los bibliotecarios se quedan; estamos hablando de una profesión que uno aprende a respetar cuando convive con ella, y uno sabe que hay pocas profesiones que tengan el sentido de pertenencia ,el amor, la nobleza y la entrega de los bibliotecarios.
Eso lo veo yo aquí en la Biblioteca todos los días, gente que lleva 40 años aquí, gente que lucha porque alguien ha maltratado un libro,porque alguien ha robado un libro, gente que se desvive por servir ala persona que viene necesitada de un conocimiento… y eso en el mundo en general se ha perdido mucho, la ética en las profesiones… por lo tanto, yo creo que es un honor para mí decir que soy bibliotecario...
¡Felíz día a todos los colegas!
ENTREVISTA A ELIADES ACOSTA MATOS
Por Rosa C. Báez
Nos complace mucho oírle decir, en diferentes foros, eventos o enconversaciones diarias la frase "nosotros los bibliotecarios", quesabemos sincera: ¿Cómo ha llegado a arraigarse esta certidumbre, estesentimiento en Usted? ¿Por qué ha asumido ese sentido de pertenencia anuestro gremio?
Por respeto. Yo creo que yo tenía una visión muy pobre de los bibliotecarios… Yo soy filósofo de profesión: es decir,- uno trabaja con abstracciones, con ideas elevadas, categorías complicadas, etc., y un gremio como el bibliotecario, que se encarga aparentemente, visto desde lejos, sólo de conservar libros, organizarlos, sacudirlos y prestarlos, para mi era, nada, como una clase subalterna dentro de la jerarquía elitista que me había construido y en la cual los filósofos estarían, de alguna manera, en la cúspide… ¡¡Error!! Todo eso se ha venido abajo: no hay cúspide, no hay filósofos… los filósofos van y vienen, los bibliotecarios se quedan; estamos hablando de una profesión que uno aprende a respetar cuando convive con ella, y uno sabe que hay pocas profesiones que tengan el sentido de pertenencia ,el amor, la nobleza y la entrega de los bibliotecarios.
Eso lo veo yo aquí en la Biblioteca todos los días, gente que lleva 40 años aquí, gente que lucha porque alguien ha maltratado un libro,porque alguien ha robado un libro, gente que se desvive por servir ala persona que viene necesitada de un conocimiento… y eso en el mundo en general se ha perdido mucho, la ética en las profesiones… por lo tanto, yo creo que es un honor para mí decir que soy bibliotecario...
¡Felíz día a todos los colegas!
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13 de Setiembre "Día del Bibliotecario"
martes, 11 de septiembre de 2012
11 de Setiembre "Día del Maestro"
Enseñaras a volar
Enseñarás a volar
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo en cada vuelo,
en cada vida, en cada
sueño perdurá la huella del
camino enseñado.
Madre Teresa de Calcuta
¡FELIZ DIA A TODOS LOS DOCENTES!
jueves, 6 de septiembre de 2012
8 de Setiembre "Argentina lee poesía"
Aparición urbana
malherido,
inmóvil,
en silencio,
Oliverio Girondo
--------------------------------------
Gracias a la vida
Gracias a la vida,
que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros,
que cuando los abro
perfecto distingo
lo negro del blanco
y en el alto cielo
su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo.
Gracias a la vida
que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido
y el abecedario;
con él las palabras
que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano
y luz alumbrando
la ruta del alma
del que estoy amando.
Violeta Parra
(Fragmento)
-----------------------------------------
Nanas de la cebolla
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
Miguel Hernández
(Fragmento)
¿Surgió de bajo tierra?
¿Se desprendió del cielo?
Estaba entre los ruidos,
herido,malherido,
inmóvil,
en silencio,
hincado ante la tarde,
ante lo inevitable,
las venas adheridas
al espanto,
al asfalto,
con sus crenchas caídas,
con sus ojos de santo,
casi azul, de tan blanco.
Hablaban de un caballo.
Yo creo que era un ángel.
--------------------------------------
Gracias a la vida
Gracias a la vida,
que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros,
que cuando los abro
perfecto distingo
lo negro del blanco
y en el alto cielo
su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo.
Gracias a la vida
que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido
y el abecedario;
con él las palabras
que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano
y luz alumbrando
la ruta del alma
del que estoy amando.
Violeta Parra
(Fragmento)
-----------------------------------------
Nanas de la cebolla
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
Miguel Hernández
(Fragmento)
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